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Dos Preguntas Que Cambian Todo


Cada filosofía y cada religión en el mundo contempla dos preguntas básicas:Image result for dos preguntas
1—¿Cuál es el problema con este mundo?
2—¿Cómo se podrá resolver ese problema?
 
La cosmovisión de la Biblia responde la primera pregunta muy clara y simplemente:  el problema es el pecado.

La Biblia nos dirige a mirar dentro de nosotros y no solamente fuera de nosotros.  Las Escrituras describen el caos que resulta cuando tratamos de establecer nuestros propios reinos individuales, en vez de vivir para Dios y su reino.

La Palabra de Dios invita que cada uno de nosotros aceptemos la verdad muy práctica de que el pecado distorciona nuestros pensamientos, deseos, decisiones, acciones y palabras.  Es mas, no hay nada que podamos hacer nosotros para encontrar una solución a nuestro problema.

Al mismo tiempo, la misma Biblia nos presenta una narrativa que demuestra que se encuentran la esperanza y la ayuda que necesitamos.  Admitir el pecado parece ser una sentencia de muerte, pero no lo es.  Nosotros no podemos resolver el problema grave del pecado, pero hay un lugar donde sí se encuentra la solución.

La única esperanza para pecadores es el perdón divino.  Para decirlo de manera más definitiva, la única esperanza de los pecadores se encuentra en que el Dios que dirige el universo es un Dios de perdón.

Si Dios no estuviera dispuesto a perdonar, estaríamos perdidos.  ¡Pero Dios sí está dispuesto!

La historia que se desenvuelve a lo largo de las páginas de la Biblia es una historia de la disposición de Dios de perdonar.  Dios controló el curso de la naturaleza y dirigió la historia de la humanidad hasta su momento preciso y culminante, cuando Jesús—el último Sacerdote, el Cordero sacrificial, el Mesías prometido—vino al mundo, llevó una vida perfecta, se entregó a sí mismo como sacrificio por nuestros pecados.

Todo eso lo hizo para que nuestro problema más profundo—el pecado—encontrara su única solución—el perdón—sin que Dios comprometiera su carácter, su plan o su ley.

El mensaje de la Biblia es las peores de noticias (“tú eres pecador”) y las mejores de noticias (“Dios está dispuesto a perdonar”).  Cuando admites de manera honesta lo peor, estás abierto para recibir lo mejor.

Todo esto significa que ya no tenemos que vivir negando o evitando.  Ya no tenemos que creer nuestras propias excusas falsas.  Ya no tenemos que entregarnos a sistemas de penitencia o méritos.  Ya no tenemos que apuntar a otros el dedo de la culpa.  No tenemos que rendirle a Dios nuestro servicio para ganar su favor.

Más bien, podemos acercarnos a Jesús, una y otra vez, tal como somos—manchados por el pecado, quebrantados y débiles—sabiendo que Dios nunca dará la espalda al ser humano que venga y diga:  “He pecado; ¿me podrás perdonar?”

Para Dios no existe pecado demasiado grande ni acciones demasiado atroces, para ser perdonados.  Por lo tanto, no existe personas más allá de la ayuda y la esperanza que da Dios.  Para él no existe requerimientos de edad, género, etnicidad, local o posición.  Su perdón fluye abierta y libremente a los pecadores.

Dios te invita a admitir tu pecado y encontrar lo que él solo puede dar—tu perdón.